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El seguro de vida y las cláusulas limitadoras

Los contratos de seguro y la actividad aseguradora ha ido progresando a lo largo de los años, sobre todo como consecuencia de las contingencias adversas de los últimos tiempos, en los que la actividad aseguradora y la comercialización de dicho producto se han aproximado y familiarizado con el consumidor de seguros para ir cubriendo su patrimonio, bienes, persona contra los contratiempos que depara el vida cotidiana.

Aun así, ¿qué es el contrato de seguro?

El contrato de seguro se podría definir como un contrato en virtud del cual una entidad aseguradora se obliga económicamente, frente al tomador del seguro, a realizar una prestación pecuniaria a favor del beneficiario/asegurado en el caso de que el interés objeto de cobertura (riesgo asegurado) resulte lesionado por suceder el evento dañoso.

Por tanto, dichos contratos se caracterizan por ser consensuales, aleatorios, bilaterales, onerosos, de adhesión y de tracto sucesivo.

En cuanto a las partes que intervienen en el contrato de seguro, son las que se relacionan a continuación: entidad aseguradora; el asegurado; el beneficiario y los mediadores en el contrato de seguro.

A pesar de ello, es necesario destacar que la persona del tomador, beneficiario y asegurado pueden o no coincidir, dependiendo en cada caso del contrato de seguro suscrito y de lo dispuesto en las condiciones particulares.

El contrato de seguro está sometido a una normativa de marcado carácter imperativo establecida, tanto con carácter general como de modo particularizado para sus principales modalidades, en la Ley de Contrato de Seguro.

Hay gran variedad de contratos de seguro. No obstante, se pueden agrupar en dos categorías: seguros contra daños y seguros de personas. Es en este último donde se encuadraría el seguro de vida y el de incapacidad.

El seguro de vida viene regulado en el artículo 83 de la mencionada ley como aquél en que el asegurado, a cambio de una prima única o primas sucesivas, se obliga a satisfacer al tomador de la póliza o beneficiario, un capital cuando la persona asegurada fallezca.

La póliza de los contratos de seguro, están constituidas por las condiciones generales, cláusulas comunes a todos los contratos realizados con la misma entidad aseguradora, y las condiciones particulares, cláusulas aplicables al caso concreto.

Pues bien, atendiendo a que dichas regulaciones se encuentran en documentos separados y distintos, las compañías aseguradoras aprovechan para incluir cláusulas limitadoras de los derechos del asegurado entre las condiciones generales, de forma maliciosa, con la finalidad de que pasen inadvertidas por el asegurado.

¿Qué son las cláusulas limitadoras de los derechos del asegurado?

Las cláusulas limitadoras del derecho del asegurado son cláusulas que operan para restringir, condicionar y modificar los derechos de éste en relación a la indemnización garantizada para el caso de que suceda el riesgo. Consecuentemente, suponen una limitación y restricción del derecho del asegurado y deben estar sometidas a aceptación expresa y por escrito, a diferencia de las cláusulas generales, con arreglo a lo dispuesto en el artículo 3 de la Ley Contrato de Seguro.

No obstante, no deben confundirse dichas cláusulas con las delimitadoras del riesgo, que suelen estar incluidas entre las condiciones generales pues no requieren de aceptación especial dado que su finalidad es la de concretar el objeto del contrato fijando los riesgos que, de producirse, hacen que nazca en el asegurado el derecho a la prestación y, en la aseguradora, la recíproca obligación de atenderla.

Por tanto, estas últimas pertenecen al ámbito de la voluntad y constituyen la causa del contrato.

Véase jurisprudencia relativa a dicha temática:

Audiencia Provincial de Girona, Sentencia núm. 377/2011 de 3 octubre; Audiencia Provincial de Valladolid (Sección 1ª)  Sentencia núm. 65/2011 de 8 marzo; Audiencia Provincial de Córdoba (Sección 1ª). Sentencia núm. 117/2009 de 17 abril.

Bufete Toro